
Julio Valdez
Bajando desde la frontera.....
¿Te conté que la luna se reía de mí?
Y que también lo hacían las verdes ramas que me rozaban la espalda
Me daban aliento y esperanza, pero igual reían,
Les causaba risa que me pegara en un semáforo en rojo
Que no me deja avanzar por la vida
Pero a lo lejos, leí una voz
Quizás encontré un único aliado,
Que me tendió su mano
Completamente desinteresada,
Lo extraño es que no lo veo, pero es como si lo hiciera.
Pero mi oído me engaña,
Creo que ahora escucho dos voces y una que está por llegar (ósea serán 3)
Que traerá sueños y alegrías en días soleados,
Sólo el sol se verá, para no tener que soportar esa risa lunática
Que siempre me aborda por estos días.
Ayer creí verte
Entre mares profundos
Escondidos bajo la brisa de una estrella
Que se proyecta en la oscuridad
Como cuando nace cada noche la luna
Y nos mira juntar nuestras sombras proyectada por su luz,
Y nos sigue abrazando
Guiando mis dedos
Para no perderme el recorrido de tú cabello,
Que me sostiene directamente,
Si me suelto
Caigo al abismo de mi locura
“locura que es poesía”
Y la dejo caer libremente
Como una fragancia que se convierte en código
El cual tú descifras cada día con tu sonrisa.
Ayer creí
Si, ayer.
Se acercó a mí un mal día
El Cansancio y desgaste me gritaban al oído
Lo mal que se venía
Pero al mal tiempo buena cara dicen
La vida sigue su camino
hay que guiarse lo más alumbrado posible
Cosa de hacerle el quite
A pesadeces
Bifurcaciones, lomos, semáforos
Que me saquen del rumbo
Y hagan toparme nuevamente con el día gris
Que tuve hoy.
Para la otra estaré preparado!
Con un quitasol
Por que así me cubro y pasó de largo
Hasta el otro día.
La vida a veces
Carece de alegrías propias de ella,
La única forma de difundirla
Es arrancándola de tu revés.
Aunque sigas con aquella certeza
De que ningún día, ningún día,
La sacarás de tu cabeza.
Ya sea diez, quince, treinta años,
Esperando aquella respuesta,
Y ese poderoso escudado de su jineta
Por pagar, espera, y esperará todavía.
Insisto la vida a veces,
Carece de alegrías propias de ella.
Dedicado para esas madres que carecieron de felicidad, aquella felicidad que entrega un ser querido ya sea hijo, hermano o amigo. Felicidad la cual fue arrancada desde su lado y nadie paga por ello.